DESPUÉS DE 70 AÑOS (Cosas de las guerras)

DESPUES DE 70 AÑOS (Cosas de las guerras)

Se coge una corona de flores y se deposita en el Parque Monumento a la Paz. Decenas de miles de hombres y mujeres representantes de cien países honran la memoria de los inocentes muertos. Más de doscientas mil personas, hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos a las que se les segó la vida en el instante más horripilante y macabro que ha transcurrido sobre este planeta, son recordados por todo el mundo.
Al principio de nuestra era, dice la historia que un genocida persiguiendo a un niño que según se creía había nacido rey y amenazaba el linaje real de este individuo, mandó matar a todos los niñitos de menos de dos años en la región de Judea. “Voz en Ramá. Llanto y gran plañido. Es Raquel que llora a sus hijos y no quiso ser consolada porque ya no son”(cita del evangelio). Este mismo hombre, Herodes, pasó a la historia por su crueldad. También mató a varios de sus hijos y otros miembros de su propia familia. No fue el primero ni tampoco el último que ha tratado con completo desprecio la vida ajena. No los mencionamos por nombre porque la lista es interminable.
Volvemos a lo anterior. Hiroshima y Nagasaki serán para siempre dos nombres inolvidables. Sobre dos ciudades de Japón, que estaba en guerra con EEUU, con la diferencia de tres días de una a otra se les deja caer mansamente dos bombas atómicas. La primera acaba con la vida de 140.000 civiles y en la segunda fueron sobre 70.000. No eran números, eran vidas, proyectos, esperanzas. Madres amamantando, niños jugando, riendo, en los colegios o parques, o en el hogar. Los que sobrevivieron, nunca jamás le pudieron llamar vida a su existencia. Una pesadilla clara y sobrecogedora les persiguió a ellos y a sus descendientes hasta el día de hoy.
El uso del arma atómica al final de la Segunda Guerra Mundial sigue dando pie a una división de opiniones. Algunos historiadores estiman que evitó un número mayor de víctimas al no hacer necesario un ataque terrestre al archipiélago nipón. Otros consideran que de todos modos Japón estaba cerca de la derrota y las dos bombas no eran necesarias para acabar el conflicto, tan solo una exhibición de poder brutal incontrolado.
Un 56% de los estadounidenses consideran que los ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki estaban justificados, según un sondeo realizado en febrero por el instituto Pew Research Center. El 79% de los japoneses consultados piensan lo contrario (“think tank” estadounidense.)
Paul Tibbets, piloto del Enola Gay, dijo en una entrevista en 2002, cinco años antes de su muerte: “Sé que hicimos lo que debíamos”.
“A lo hecho pecho”. Tenía que convencerse a sí mismo para seguir viviendo con esa carga.
70 años después los países más importantes del mundo tienen la bomba atómica. El uso de ella sería, sin ninguna duda, el FIN TOTAL DE LA HUMANIDAD pero interesa más jugar a LOS SOLDADITOS mientras LOS PODEROSOS mueven los PEONES en unas guerras estúpidas hasta la aniquilación de una población SOBRANTE para los SEÑORES DE LA GUERRA.
Hoy una oleada, un mar humano se mueve de aquí para allá escapando del hambre y de la guerra, apelando a la compasión de unas inciertas y a veces supuestas, leyes de “Derechos Humanos”, que como otras muchas leyes, se exponen inútiles e incompetentes a la hora de aplicarlas. Tanto que muchos países ni siquiera las han firmado para no comprometerse. ¿Entonces qué es lo que hacen?
Primero dicen: Hay que reunirse, para ver cuántos quieren reunirse y decidir cuántos quieren apoyar esa “URGENTE Y DESESPERADA” llamada de socorro a la comunidad europea y americana y a la población en general. No es una emigración se trata de un ÉXODO de los que buscan refugio por su vida. Dicho sea de paso, la ayuda que la población en general queramos dar siempre va a estar condicionada a la voluntad de los gobiernos elegidos. Muchas lágrimas se vierten de forma imparable, muchas vidas rotas y familias rotas, en un espacio de tiempo donde se pierde la identidad, las raíces, donde todo parece formar parte de una pesadilla de la que hay que despertar.
Millones de personas sin patria andan deambulando, buscando caminos que les lleven a algún lugar, mendigando compasión humana para seguir viviendo. Hay que tener algo por lo que luchar, por lo que vivir, y muchos ya no tienen nada que perder.
“… y sobre la tierra angustia de naciones, por no conocer la salida a causa del bramido del mar y de su agitación…” (Jesucristo – Lucas 21:25)

 

Lucía Vilches Moya

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