ERA EL EDEN UN LUGAR

Era el Edén un lugar
Libro: El Teatro de la vida (2)

Era el Edén un lugar placentero
de hermosura espléndida y latiente
con el fulgor del aura esplendorosa
y el esplendor de la aurora ascendente.
Y dijo Dios desde su Magno Trono
desde el cielo abierto y transparente:
“Con todo amor y con los dedos de mis manos
me haré un hijo de barro: débil y sapiente”
No sé cuánto tardó en aquel diseño
mezcla sublime de tierra y poesía
y trabajó, y no cejó en su empeño
hasta plasmar su ingenio y sabiduría.
Creció la vida y el hombre triunfó ufano
humanidad olvidadiza y descendente
dejando a un lado a su Padre omnisapiente
de su dador de pan mordió la mano.
Y adoraron a ídolos inertes
y sirvieron a las obras de sus manos
muñecos fatídicos a su semejanza
dioses roñosos de palo, piedra y barro
que a la hora de salvar son impotentes.
Y pasaron los días venideros
en que el tiempo implacable todo amaña
tanto creció la insensatez humana
que entre el cielo y la tierra
hay una gran montaña.
Hacia allí suben de los pueblos los benditos
razas y lenguas alegres en campaña
buscando juntos el reino ayer prescrito
por el Dios de verdad que nunca engaña.
Para nutrirse del maná escondido
y retomar la heredad perdida.
¡Que la luz crescente, lámpara y flama
nos guíe hasta el árbol de la vida!

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