HAY QUE VER PARA CREER

Hay que ver para creer

Lucía Vilches

Hay que ver para creer,

repite de forma ingente,

la gente.

El edificar castillos

en el aire es de inocentes,

pero existen espejismos

que los miramos de lejos,

y  son aquellos castillos

de las historias de viejos,

donde vivían los nobles

bien servidos en sus torres,

protegidos por sus perros,

bien gordos y alimentados

con el sudor de los pobres.

A las otras almas  nobles,

Tirando de  nobles brutos,

se les llamaba plebeyos.

Trabajaban cual camellos,

fuertes como puros robles,

para llenar la despensa

de nobles de almas innobles.

Buenos para la labranza,

para edificar palacios,

para ir de caza y de pesca

y llenarles los bolsillos

a aquellos hijos, tan nobles.

Para que zagalas bellas

les dieran hijos bastardos,

que al fin y al cabo eran ellas

las madres de hijos gallardos.

¿Quién ha visto sangre azul

en los campos de batalla?

Solo muere la canalla,

tierna carne de metralla,

sin fosa y sin ataúd.

soldado del escuadrón

que solo lloran su falta

el padre que lo engendrara

y la madre que lo parió.

Un simple punto de apoyo,

dijo Arquímides,

y moveré el universo.

alas de todos los versos,

de la verdad y la razón,

¡palabra del pueblo son

esas voces que no callan!.

Hoy la escena se repite

con actores diferentes,

pero tiene el sello claro

y bien marcado en la frente.

Ya lo dijo Jesucristo

y sabía lo que decía:

que no te cause inquietud

lo que el futuro depara

que mañana es otro día.

Nos basta con afrontar

la inquietud de cada día,

Ese euro que acuñó

el “imperator”  tirano

Devuélveselo en la mano,

y a ver qué va a hacer ahora

sin el pan del labrador.

Él tiene puesta la mesa

pues se levanta temprano

y se pone a su labor.

Inventaron los antiguos

Capirotes  penitentes

dónde poder ciertas gentes

procesionar su traición

y balancearse al son

de los pobres que profesan

cantos que les embelesan,

saetas en el balcón.

Repitiendo su pregón

la verdad van lesionando,

y a Jesús siguen clavando

sin ninguna compasión,

¡como si fuera cristiana

la eterna resignación!.

Tenemos la asignación

de hacer rectos los caminos,

y  labrar nuestro destino

es lo que Dios nos mandó.

La libertad es un don

que hay que saber manejar,

ser valeroso en la vida.

Hay que saber y hay que andar,

es mucho mejor ir solo

que dejarte manejar.

Hay que andar,

hay que ver para creer,

hay que saber para andar,

y vivir para saber.

No te dejes convencer

por la primera palabra,

primero mira quién habla.

Puede ser,

que adolezca de saber.

Si acaso  has de decidir,

mejor fiarte de aquel

que la vida le enseñó.

 Hay que ver para creer

Pero hay que saber vivir

y vivir para saber,

y aunque mucho hay que aprender…

 Esta historia… se acabó.

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