HISTORIA DE UN VOLUNTARIO (PRESTIGE)


A las 15.15 horas del 13 de noviembre de 2002, el ‘Prestige, un petrolero monocasco de 26 años cargado con 77.000 toneladas de fuel, lanzaba un SOS. Fue el inicio de una de las mayores catástrofes económicas, ecológicas y sociales ocurridas en Galicia.

Hace Seis años una noticia sobrecogió a toda Galicia, un petrolero, el Prestige, se partía en dos dejando salir su carga de 77.000 toneladas de fuel. Gran parte de la costa gallega se cubrió con un manto de luto y muchas lágrimas corrieron por los rostros de los amantes del mar y de la naturaleza, realmente una tragedia. Hoy, seis años después ya casi todos nos hemos olvidado, aunque no deberíamos, porque mantener vivo el recuerdo nos ayuda a apreciar lo que tenemos.

Tengo delante de mí a un joven que vivió los sucesos en primera persona y que en aquel tiempo tenía 22 años. El nos relata:

“Recuerdo que estuve durante casi dos semanas muy triste cuando escuché la noticia y fui a mi aldea local en la Costa Da Morte. Allí y poco a poco, pero en un período corto de unos días, pude ver la dimensión de la catástrofe. La playa a la que íbamos a pescar desde que tenía memoria de niño era todo petróleo. Estaba sumergida bajo una espesa manta de fuel, no se veía arena ni piedras, era todo negro. Sin hacer ninguna convocatoria, todos los pescadores deportivos, hombres de mar de la localidad, nos encontramos cerca de la orilla, delante de aquel triste espectáculo.

En aquel momento yo tenía un buen trabajo estable, pero no podía menos que concienciarme con la necesidad imperiosa de ponerme manos a la obra. Sin pensarlo, y aunque lo consideraba una obra titánica me decidí y lo hice, dejé la comodidad de mi trabajo y me alisté en una empresa que se dedicó exclusivamente a la limpieza de los acantilados y playas de la Costa da Morte, fui el primero en firmar el contrato y el último que lo concluyó totalmente.

Al ser algo tan inesperado en general, los recursos y tecnología fueron demasiado escasos, y la información sobre los peligros para la salud casi nulos; dentro de lo que cabe fui afortunado, la empresa nos proporcionó a mí y a mis compañeros medios para poder trabajar con un mínimo de seguridad, pero muchos voluntarios trabajaron de forma desesperada y sin pensarlo, sacando el chapapote con sus manos, palas y con cualquier otro objeto que sirviera, amontonándolo en las orillas a la espera de decisiones de la Administración; a muchos les costó graves enfermedades y a algunos la muerte. Fue un trabajo arduo, en muchas ocasiones complicado por las dificultades de las playas que estaban en los acantilados de muy difícil acceso, en algunas ocasiones tuvimos que descender haciendo rappel con cuerdas, transportando las tuberías para limpieza a presión de las rocas, cortando la maleza y construyendo escalas de acceso con tablas de madera para que otros pudieran acceder y contribuir con su trabajo. Aun y tomando muchas precauciones en Junio de 2003 enfermé de lo que después se llamó “el síndrome del voluntario”, para entenderlo mejor: exceso de petróleo en la sangre, lo que ocasiona la pérdida de defensas y sus consabidas consecuencias; aún y así trabajé hasta la extinción del contrato (todavía conservo debajo de la piel manchas de petróleo que me quedan como tatuajes para toda la vida).

En noviembre de 2002 se comenzó por la playa de Canido, y en Septiembre de 2003 finalizamos en la de Santa Mariña de Razo (Carballo). En la última semana limpiamos esta playa y dos semanas después en ella pude pescar con caña. Tuve la alegría de poder comprobar que “el gavilán” rebosaba en la arena e hice la mejor pesca de los últimos años. El mar es agradecido y aquel día me pago todo el esfuerzo que con tanto amor desinteresado hice por él.

Es en ese instante cuando me di cuenta de que las 77.000 toneladas de petróleo del Prestige fueron para el mar una pequeña herida en comparación con la inadecuada gestión de los recursos pesqueros de Galicia y la falta de verdadera regulación de la pesca que es lo que ocasiona el saqueo del mar.”

Muchos mares se han seguido saqueando y muchos “Pestige” han continuado derramando su veneno inundando las costas, otros muchos son un peligro latente todos los días; mientras eso ocurra la frase “NUNCA MAIS” no tiene significado. Querido amigo, para mí fue una puñalada ver el mar herido, fue una sensación de ostracismo y frustración, ni mi situación, ni mi condición de persona por mi edad me permitieron hacer absolutamente nada, por eso te agradezco a ti y a otros muchos jóvenes y menos jóvenes, gallegos y foráneos, que como tú hicisteis un duro trabajo a favor del mar, en fin a favor de la sociedad toda, y ahora podemos ver un mar hermoso y limpio; tu historia me hace recordar las palabras de un sabio que dijo “el poder de los jóvenes está en su fuerza”. Por cierto, no te pregunté tu nombre…. “Me llamo Oscar De Souto”. Sí, yo ya te conozco, sé que manejas tan bien la pluma para escribir como la pala para limpiar el mar.

Lucia Vilches

AUTORA: LUCIA VILCHES

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