PELIGRO, POBLACION URBANA: ¡REDUCE!

Era Mika una gatita persa de pelo medio, abundante y suave como seda. Como decía Juan Ramón Jiménez de su burrito Platero, ella también era peluda y redonda, parecía toda de algodón que no tuviera hueso, manchada simétricamente con blanco, negro y amarillo naranja y los ojitos color miel. Estaba cuidada como un niño o una niña, ella se sabía mimada y nos regalaba todas las piruetas y los juegos de los que era capaz, daba unos saltos de más de un metro para cazar las polillas y como nos hacía gracia, seguía saltando para hacernos reír, nos perseguía para jugar y cuando nos volvíamos salía corriendo y se escondía para que la buscáramos , se ponía muy nerviosa al escuchar su nombre y no podía evitar descubrirse ella sola dando un brinco y escondiéndose de nuevo , comía de la mano de mis hijas, dormía al pié de su cama agarrada a un pañuelo que le hacía de madre, aún a veces se la escuchaba mamar y por la mañana, un poco antes de sonar el despertador, las despertaba de un salto en la cama lamiéndoles la cara, o el brazo buscando sus caricias. Aunque su ilusión era salir a la calle, estaba super protegida solo en el patio y cuando salíamos nosotros.
Como puede percibir el lector he empezado diciendo “era Mica” (que quiere decir chiquita)
Hoy en menos de quince segundos pasó de estar en mis manos a quedar sin vida en la carretera. Ni siquiera tuvieron la delicadeza de parar para ver si lo que habían atropellado era una criatura animal o humana, eso no les importa mucho a los depredadores de la carretera que se sienten protegidos por un carnet de conducir y un seguro de coche. Bajo esa tutela se sienten los amos de la carretera y a la velocidad en la que conducen no tienen tiempo ni ganas de leer las “señales de tráfico” donde dice explícita y reiteradamente “ prohibido ir a más de 40 km. Por hora”. Porque no hay arcén, porque es población urbana a pié de carretera sin aceras y porque 80, 90 o 100 por hora es excesivamente excesivo, pero ¿Qué importa, total, un animal más o menos? Hoy, día 3 de agosto del 2009 un conductor desaprensivo que le importan un comino las normas de circulación y convivencia nos ha matado en la puerta de casa a nuestra Micaela, (como yo le llamaba) nuestra alegría , el juguete de la casa y nos han dejado sumidos en lágrimas.
Este suceso ocurrido en el valle de Loureda, no cambia un ápice el mundo, ocurre todos los días, pero es posible que toque alguna conciencia y nos haga a todos un poco más humanos. Y quizás, los que no saben o no quieren leer, les haga mucha falta que se pongan esas bandas reductoras de velocidad, llamadas en algunos lugares “policías tumbados,” o a los radares escondidos y los coches de policía camuflados. Ante actitudes irresponsables, volvamos otra vez a la cultura del miedo.

AUTORA: LUCIA VILCHES

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